¿Mamá, qué es eso? Me preguntó mi hija al pasar fuera de una casa. Nos detuvimos y vimos con tristeza e indignación lo que parecía ser un perrito. Tenía clavadas las orejas a un árbol y no podía moverse. Estaba en los huesos.

Mi desesperación era que no sabía cómo desclavarlo, pero un señor detuvo su coche y con su herramienta lo desclavó. Lo llevé al veterinario. Estaba muriendo. Su cuerpo ya no respondía, estaba totalmente desnutrido, deshidratado y enfermo por estar expuesto al sol y a la lluvia quién sabe cuánto tiempo.

Pesaba tan sólo 3 kilos y ya no era un cachorro. Durante una semana aún no podía comer y no se podía poner en pie. Estuvo mucho tiempo con suero y se fue hidratando y recuperando poco a poco. Así fue, como Bobi llegó a Milagros Caninos.

Sus ganas de vivir hicieron que sus expectativas fueran otras. Y las mías también. El quería jugar, correr, ser cariñoso y demostrar su agradecimiento a como diera lugar. Y lo ha logrado.

Bobi fue el primer perrito que rescaté de la calle y ahora vive feliz. Ya tiene más de 15 años y es un ancianito gruñón pero también muy cariñoso.

Él trata siempre de corresponder con cariño a lo que él piensa que hice por él, rescatarlo de una muerte segura. Lo que no sabe es que de él he aprendido mucho más de lo que él pudiera agradecerme a mí.

El es ahora protagonista de un cuento infantil, de su propia historia. Una historia verdadera de crueldad, amor y agradecimiento.

Gracias Bobi por haber llegado con nosotros. En todo este tiempo nos has enseñado muchas cosas, tantas, que estoy segura de que la lealtad existe.

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